En defensa de una mujer y sus tacones

En defensa de una mujer y sus tacones

Mi amiga Summer dijo el viernes pasado que:

Tus tacones son tu pene. La medida de los tacones de una mujer, la altura que puede aguantar y la precisión en su manejo, es la medida del pene que necesita”.

Por supuesto, esta conversación fue sostenida a gritos en un lugar lleno de gente, como es propio de delicadas florecillas como nosotras. Summer llevaba una Doc Martens blancas cuando lo dijo, yo iba encaramada a uno zapatos de tacón fino de once centímetros.

Break

Imagen de Giulia Mulè

Cuando tuve edad para escoger mi propia ropa, me compré unos zapatos de tacón. De tacón chupete, ese tacón que es tan, tan bajito que no merece la pena ni ser medido. Creo que tenía unos once o doce años. Mi madre me obligó a aprender a caminar con ellos en casa antes de llevarlos a la calle porque, palabras textuales “no quiero que no sepas caminar con ellos y que parezca que te has casado ayer” Experimenté un poco con esos zapatos, pero me destrozaban los pies, y después me compré unas botas. Lo que les pasaba a esos zapatos, en realidad, es que eran una mierda y estaban mal hechos. Era cosa del zapato, no del tacón o del hecho de que fueran tacones.

Yo, a los dieciocho, nunca me ponía zapatos altos. Tenía unas cuñas negras en el armario, y nada más. Cuando me gradué tuve que comprarme unos tacones y fue un auténtico suplicio. Qué quieres que te diga, y con todo mi amor al señor Zara, a mí me parecía que lo que vendían ahí no eran zapatos, sino consoladores. Consoladores de setenta euros. Al final encontré unos zapatos con un razonable tacón de ocho centímetros y plataforma interior. Pensaba que me iba a morir, pero no me importaba mucho porque estaba acostumbrada a caminar descalza. Por supuesto, tuve que repetir los paseos de la vergüenza por el pasillo de mi casa para aprender a domarlos, mientras mi madre me miraba pensando por qué, por qué no me habría cambiado por una botella de lejía o una lavadora cuando tuvo oportunidad.

No me los quité en toda la noche. Primer descubrimiento, existen zapatos de tacón que son cómodos. A partir de ahí, empecé a experimentar con otros zapatos que no fueran bailarinas y botas militares: tacones de seis, de siete, ocho era mi límite (mira, releo esto con mi colección de pollas empalmadas para pies mirándome desde el armario y oigo cómo se ríen de mi con sus trémulas voces de zapatitos). No los aguantaba todo el día, pero para salir un rato, para ir a un concierto tranquilo, para entregar curriculum en sitios pijos, sí que me los ponía.

Fue raro. Como diría Aileen Wuornos, los tacones no son sólo duros, también son curiosos. Yo me había pasado mucho, mucho tiempo diciendo que no me ponía tacones por principios, porque era muy bajita y porque también era ya una niña mayor y sabía que no había ningún problema en ser muy bajita. Pero esos zapatos me gustaban. Eran zapatos bonitos, cuanto más me los ponía más cómodos me resultaban, me estilizaban las piernas, hacían que (OH, MILAGRO) pudiera ver el numero del autobus por encima de las cabezas de la gente sin tener que dar saltitos de niña pitufo, y tenían un ligero efecto psicotrópico en mí: me sentía menos cría, más segura de mi misma. Probablemente esto es muy poco feminista, pero analizándolo con el rigor de la experiencia y la vejez y demás gaitas, creo que los tacones, en cierto momento, sí que ayudan a mostar una seguridad en ti misma que no tienes. La seguridad en ti misma de verdad te llega después, tras un numero variable de hostias que te da la vida (la vida es un caso clínico de no aceptación de la violencia pasiva de Gandhi, pero eso es otra historia. La vida es muy puta, vaya). Eso no quita, sin embargo, que cuando tienes diecisiete o dieciocoho años tengas que parecer segura de ti misma en ciertos momentos, para coseguir según que cosas que sí son importantes. Fake it till you make it. A mí me ayudaron los tacones.

En esa época yo estaba viviendo en Londres. No tenía gran idea sobre nada, pero sí que empecé a fijarme en que trabajaba con chicas que llevaban tacones todo el día, que tenía amigas que lo hacían o que los usaban con frecuencia. Yo había estado viviendo con la idea de que ponerse zapatos de tacón de aguja te clasificaba inmediatamente com una frívola que prefería sufrir dolor de pies para parecer más alta o más estilizada o lo que fuera, en una mujercita tonta y estúpida que no tenía nada que decir. El caso es que esas chicas sí tenían cosas que decir que a mí me gustaba escuchar, opiniones bien estruturadas sobre literatura, música, feminismo y RABOS. En aquel momentó, pensé que mi asociación de ideas tacones = estupidez era idiota. Ahora creo que es directamente, machista. Yo estaba juzgando a unas personas por sus zapatos y pensando que para parecer inteligente tenía que ir de plano. No sé, no hay ningun estudio que relacione la medida del tacón con el CI.

Eso no quiere decir que me abalanzara sobre los primeros tacones que vi, pero si veía unos zapatos que me gustaban y que llevaba tacón y me resultaban cómodos, me los compraba. La idea de que existen zaptos de tacón que no te hacen daño parece venir siempre de chicas a lo Paris Hilton, pero lo cierto es que es verdad. De hecho, creo que el mito de que una mujer en tacones es una mujer sufriendo bajo el yugo machista y una pobre infeliz es una soberana gilipollez. Habrá chicas así, hay de todo en esta vida, yo hasta tengo un Furby, pero hay tacones cómodos y zapatos planos infernales. Teno unos tacones negros de Zara que me costaron nueve euros y que tienen un tacón de doce centimetros que son mi zapatos oficiales de salir a beber. Y cuando digo salir, quiero decir bajar del bus a las diez de la noche un sábado y subir al bus a las nueve de la mañana un domingo. Sin bailarinas el el bolso. Y bailando hasta que me duelen los muslos. Tengo otros zapatos, unos botines de Forever21 que compré en un viaje expresamente para patear la calle. Aguantaron horas y horas y horas de caminatas, cosa que las bailarinas no pudieron hacer porque hacían que los talones se me desintegrasen

Ain't No Ballerina

Imagen de Giulia Mulè

En defensa de una mujer y sus tacones, vaya. Parece que está superado no criticar a las mujeres por no afeitarse las piernas o teñirse el pelo, pero cuesta más no juzgar a la que lleva minifalda y tacones. Es una puta, es estúpida, pobrecita no tiee ni zorra. Mis opiniones y mis ideas son las mismas independientemente del calzado que lleve, y subirme a unos zapatos no me hace estúpida. Muchas veces los llevo para salir a beber, y muchas veces me han dicho que ponerse tacones está mal porque son un invento masculino que tenemos que aguantar nosotras para gustarles a ellos. Yo no voy a ponerme tacones altos porque un hombre piensa que eso es lo que una mujer debe de hacer, ni aprender a cocinar, pero tampoco voy a dejar de hacerlo por el mismo motivo. Si quiero demostrar mi enfado o rechazo de forma infantil, soy más del “me enfado y no respiro”. El feminismo es no dar explicaciones, joder. Que no se te juzge por tener vagina ni por llevar tacones.

 

 

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Me llamo Laura B y soy antropóloga hardcore. También fumo muchísimo y escucho a los Smiths. Las crisis nerviosas sólamente han hecho que estudie filosofía y me muerda las uñas. Me he incorporado al s. XXI y tengo también cuenta de twitter: https://twitter.com/LauraBauhaus
  • http://twitter.com/ToiBrownstone Toi Brownstone

    Me llamo Toi y soy incapaz de andar con tacones. :-)

  • Agnes Deer

    Pues yo llevo tacones altísimos siempre que puedo así que me van los penes de buen tamaño, vaya.

  • http://twitter.com/Marwilla Maravilloso Desgarro

    Oh los tacones…. ese delicioso fetiche. A mi no me permitieron usar ningún tipo de tacón en la niñez hasta aprox. los 16 años. Hoy día lo agradezco infinitamente porque deforman la pierna y la pisada. A mi me cuidaron las piernas, la pisada, el pie y la postura de una forma medio nazi, pero que hoy día agradezco muchísimo. Aprendí a caminar sobre una linea con la enciclopedia salvat en equilibrio sobre la cabeza. Método infalible, lo recomiendo. A los 16 años me compré las sandalias más sexies y altas que conseguí. Después de todo me estaba liberando de un yugo, tenía que demostrarlo a todo lo que daba. Desde entonces no me bajé de unos tacones. Hasta podía correr en tacones (sí a veces hay que correr para abordar un bus, para no llegar tarde o… la realidad suramericana es así: para huir de un asaltante) Durante esa época, que miro como si no fuese yo por lo lejana que se me hace, coleccionaba tacones, ropa interior de encaje y perfumes. Empodaramiento total, no hay nada que te haga sentir más dueña del mundo que un conjunto interior de suave encaje, unos tacones altísismos y un perfume delicioso. Aaaaah que tiempos de Lolita.
    Cambié de país/ciudad a un lugar donde las distancias son tremendas y van en detrimento de tu calidad de vida, las calles están hechas piedra, los conductores de bus manejan como si llevaran cochinos… Así que mi empoderamiento cambió de requisitos, no más Diosa sexy, no me interesa, no le doy importancia, lo soy, lo sé, lo disfruto no necesito ‘la seguridad’ adicional ni la ‘muleta’ del tacón. Uso tenis, en la oficina si me provoca me cambio a tacones. Si me provoca me pongo perfume. Si me provoca me maquillo. A veces ni me peino. Porque ya no haga absolutamente NADA para complacer a nadie que no sea yo, porque no me importa cómo me ‘vendo’, cómo me ven, ni cómo me juzgan. Tengo mis tacones, mis perfumes, mi maquillaje y mis conjuntos de encaje. Pero más que todo eso, me tengo a mi.

    Está muy cool lo de ‘creo que el mito de que una mujer en tacones es una mujer sufriendo bajo el yugo machista y una pobre infeliz …’ Dan ganas de hacerte un portafolio de fotos de tacones doblados, de mala pisada, de mujeres cojeando mientras bajan las escaleras de metro, de pisadas torcidas… para que reconsideres lo de que es gilipollada lo de pobres infelices. Lamentablemente no todas las mujeres viven el tacón como un trampolín del ego, muchas lo viven como una imposición social de la imagen que deben dar, y otras son simplemente masoquistas en mal plan.

    Buena la plática, gracias

  • Antonio Lopez Lallana

    jajaja qué gran metáfora: “tus tacones son tu pene”. Me ha encantado tu post,

    • ALFONSO

      BUENAS NOCHES ANTONIO, LEI ESTE COMENTARIO Y EL DE LA MUCHACHA EN ANTERIOR Y TE PUEDO COMENTAR, QUE YO SOY UN GRAN FETICHISTA Y ADMIRADOR DE LOS TACONES ALTOS Y PARA MI ME INCLINO MAS HACIA LAS SANDALIAS YA QUE PIENSO QUE LA MUJER SE VE MAS FEMINISTA EN SANDALIAS QUE EN ZAPATOS ( SIN DISCRIMINAR A LOS ZAPATOS QUE TAMBIEN LES LUCEN MUY BIEN ), TAMBIEN SON ADMIRADOR DE SUS PIERNAS Y PIES, TODO ESO HACE UN CONJUNTO DE BELLEZA Y ADMIRACION, TAMBIEN TE COMENTO QUE TIENES RAZON, EL INVENTO DE LOS TACONES FUE PARA UN REY CREO QUE SE LLAMABA EDUARDO O LUIS, NO ME ACUERDO EXACTAMENTE Y EL CONTRATO A UN ZAPATERO PERSONAL Y PRIVADO PARA QUE SE LOS FABRICARA YA QUE CUANDO SE ENCONTRABA AL LADO DE LA REINA ELLA ERA MAS ALTA QUE EL Y EN ESA EPOCA LAS MUJERES NO LOS USABAN, Y YO HE VISTO EN PROPAGANDAS DE MODA EN LA TELEVISION SOBRE DESFILES A LOS DISEÑADORES Y VI EN UNA ENTREVISTA A UN DISEÑADOR QUE USABA TACONES ALTOS NORMALMENTE Y ME CAUSO RISA PORQUE LA PERIODISTA DE UN CANAL NORTEAMERICANO LE PREGUNTO SOBRE ESO Y EL RESPONDIO QUE NO ES RARO NI NADA PERO QUE SI USA TACONES COMO LAS MUJERES YA QUE LES GUSTABAN, YO POR MI PARTE SOY FETICHISTA COMO DICES TU DEL CALZADO FEMENINO PERO HASTA AHI NO MAS Y EL RELATO DE LA MUCHACHA ME GUSTO Y TIENE RAZON EN LO QUE DICE. SALUDOS

  • Meryone

    a) no uso tacones

    b) me ha encantado tu post

    Nada más que añadir :)

  • Laura B

    En realidad los tacones eran una excusa para habla de penes. No, en serio, cuán bonito tod, que feliz soy.

  • http://twitter.com/ainhoareb Ms. Klinski

    llevar tacones es muy siglo XX

  • Carlos Molina

    Me apunto a la liga en defensa de los tacones… la liga en defensa del maquillaje… la liga en defensa de la liga, la media y el encaje… jué, que sí, que las botas militares, las converse, los tejanos de pitillo y los tangas están muy bien… pero nada me pone más que una falda, tacones, maquillaje, ligueros, ropa interior de encaje…

    ¿tonta por llevar tacones? vamos, hombre, no jodamos…

  • http://www.facebook.com/artiste.soul Anais Medina

    Como muy bien dices el uso de tacones va en relación a la época emocional en que te encuentres. En mi armario conviven vogues con martens y aún no se han peleado. Como todas, hemos destrozado alguno o nos hemos caído por su culpa. Los hemos adorado a primera vista para odiarlos en la primera fiesta que nos lo hemos puesto.

    Llevar tacones da confianza la cuestión es saber cuando y cómo llevarlos. Como todo, no te pondrás en bikini en la cena de pascua no?

    Lo dicho.

  • Dyanne

    Arriba los tacones, me encanta llevarlos…. y me encanta el articulo…

  • Kry

    Muy buen post, pero no puedo estar del todo de acuerdo.

    A lo que se refieren las feministas es a que no deberíamos necesitar subirnos a ese artefacto para mejorar nuestra autoestima. Preguntadle a cualquier podólogo si no hay ningún problema por llevar tacones altos… En mi caso no tengo que investigar mucho porque tengo tendencia a juanetes hereditaria y además de los divertidos, hallux limitus, deformación degenerativa que con el tiempo me va quitando ángulo de flexión del dedo gordo del pie, con lo que los tacones de cierta entidad resultan prohibitivos.

    Tengo muy claro que los tacones son una herramienta social que hay que manejar de la misma forma que el protocolo, la moda o los idiomas: si te gustan, cuanto quieras, y si no, saber usarlos únicamente cuando sean necesarios. A mí no me gustan. Mido 1.75 y no tengo interés en parecer más alta o más estilizada, no me preocupa estar divina, y no quiero que me duelan los pies gratuitamente. A quien le gusten, pueda y se los ponga: ole por ella y por su decisión, aunque no la comparta. Lo que no soporto son las que se ponen unos zapatos-cilicio sin necesidad y luego van quejándose.

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